POBREZA INFANTIL

Publicado: 18 mayo, 2014 en Sin categoría

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En muchos casos cuando oímos hablar de la pobreza infantil pensamos que es una realidad que no nos toca de cerca, una realidad que solo encontramos en países llamados “del tercer mundo”; pero en verdad no es así. Según la información publicada en la página web de Save de Children «Pobreza infantil y exclusión social en Europa» la pobreza infantil es una realidad que nos toca muy de cerca, de hecho España es uno de los países de la Unión Europea con más índice de pobreza infantil, siendo además el segundo país europeo, por detrás de Grecia, que menor capacidad tiene para reducir la pobreza infantil a través de sus ayudas sociales.

En mi experiencia me he podido acercar a esta realidad, ya que desde hace tres años tengo la oportunidad de colaborar como monitora en un campamento de niños que, se podría decir, están en riesgo de exclusión social.

Cada año que comparto las vacaciones con estos niños me doy cuenta de la cantidad de necesidades que no tienen cubiertas y que yo considero imprescindibles. Y no solo hablo de necesidades básicas como comida, higiene o vestimenta…, que también, sino de otro tipo de necesidades que muchas veces no se tienen en cuenta desde las instituciones, como las emocionales y las afectivas.

Al campamento viene una gran diversidad de niños, con un montón de historias vividas y por vivir. Precisamente, una de las cosas que más me gusta de este campamento es que, a pesar de los problemas que tienen con sus familias o las residencias en que viven, es decir, en su vida diaria, al campamento vienen con la única finalidad de disfrutar y de pasar unas vacaciones que para muchos, por no decir para todos, son las únicas. Como ya he dicho antes, muchas veces desde las instituciones solo se miden y se valoran las carencias básicas que afectan a estos niños, pero las carencias afectivas o el ocio y al tiempo libre no es algo que preocupe a casi nadie.

Uno de los objetivos que tenemos como monitores es que los niños jueguen sin complejos y se diviertan como niños. Aunque no parezca un objetivo muy lógico, porque los niños siempre juegan como niños, en este tipo de campamentos cobra un especial sentido, ya que cada uno de estos pequeños (o no tan pequeños) ha vivido o vive realidades muy duras que muchas veces no le permitente ver el mundo de forma ingenua, sino de una forma cruelmente real.

Al campamento vienen niños desde los cinco hasta los quince años. En este tiempo como voluntaria, me he ido dando cuenta que cuando los niños son todavía pequeños están protegidos por un sistema de instituciones y prestaciones que intentan cubrir sus necesidades más básicas (aunque muchas veces no sea de la mejor manera), pero, cuando pasan a la adolescencia este sistema paternalista ya no les ampara de la misma forma: en la adolescencia el chaval se queda en una situación de casi abandono y se convierte en alguien que es el único dueño de sus problemas. A partir de ese momento ya da igual la familia que haya tenido o las situaciones o las circunstancias con las que haya convivido, porque esa realidad ya no es un problema externo que haya que solucionar desde una institución o una familia de acogida, sino que cambia la realidad convirtiendo al adolescente en un chaval problemático, sin dar muchas veces la oportunidad de cambio.

Sin embargo, aunque no es la adolescencia ni la vida adulta el objeto de estas líneas, sí que es algo que debe estar presente en nuestro comportamiento al tratar con los niños. Por ello, al centrarme en la infancia, quiero comentar que, una vez conocida esta realidad y convivido con ella durante varios años, estoy cada día más convencida de que todos nos deberíamos preocupar porque todos los niños tengan una infancia lo más feliz posible, sin tener en cuenta la familia o el lugar en el que hayan nacido, contribuyendo así a su felicidad y a evitar futuros problemas en la adolescencia o en la etapa adulta. Creo que es imprescindible prestar la máxima atención a la niñez, ya que todos los chavales se convertirán en futuro y ese futuro debe estar lleno de posibilidades y no de problemas.

Para finalizar, pienso que no son suficientes las iniciativas aprobadas por los poderes públicos para luchar contra la pobreza infantil, sobre todo en estos momentos de crisis económica y de recortes de todo tipo que debilitan las economías familiares y que están dejando en desamparo a la población más vulnerable: la infantil.

Loreto González Carboneras

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